El problema de los estratos medios

Recuperando una vieja tradición

A mi juicio, el anarquismo siempre se ha destacado por su flexibilidad táctica y su laxitud ideológica. No es para sorprenderse, encontrar que el anarquismo tuvo una inserción inicial mucho más potente que el marxismo, en sectores como el pequeño artesanado, algunos profesionales liberales y sobre todo, el campesinado. En síntesis, en una gran parte de los estratos medios que componían las sociedades capitalistas convulsionadas del siglo XIX.

Difícilmente se puede decir lo mismo del marxismo. La ferviente sobre-ideologización que sufrió –y sufre actualmente– las vertientes más ortodoxas del marxismo, siempre despreciaron las tentativas de la izquierda libertaria para tejer alianzas entre los trabajadores industriales, y otros estratos medios. Es conocida la denuncia de los bolcheviques al ejército negro de Mahkno, que continuamente acusaban como “compuesto por campesinos de medianas propiedades”.[1]

Sin embargo, tengo la sensación de que el anarquismo actual tiene dificultades para identificar cuáles son los estratos medios que se han desarrollado al alero de la “revolución neoliberal” en nuestra región, por un lado, y trazar líneas programáticas y estratégicas que sean coherentes con ese análisis, por otro.

Quizás parte de esto puede ser atribuido al influjo ideológico proveniente del marxismo más ortodoxo, tan presente en algunos plataformistas de nuestro sector. La tarea de este texto, pues, es aportar un granito de arena a la recuperación de las amplias alianzas sociales, que deben caracterizar a un anarquismo con vocación de triunfo –y no meramente de resistencia–.

Una definición escurridiza

Lo complejo de hablar de “estratos medios”, es la dificultad con que se puede construir esa categoría. Hablar de “estrato medio” como aquellos individuos que se ubican en “la mitad” de los tramos de la distribución del ingreso, poco y nada de sentido político tiene. Sin embargo, combinar una segregación por ingresos con una distribución ocupacional, parece un punto de partida adecuado para reconocer la importancia numérica de los estratos medios en Chile.

El ejercicio anterior implica, necesariamente, tratar de eludir las categorías y definiciones marxistas de clase, tan populares entre algunos compañeros, debido a que no logran capturar en su totalidad de las complejidades y sutilezas que tiene la estructura de clases en nuestra América Latina.

En ese sentido, conviene comenzar con la “pequeña burguesía”, o la figura del microempresario. En Chile existen alrededor de 200.000 microempresarios, es decir, 200.000 personas que trabajan solas o hasta con 5 empleados (negocios familiares). La pequeña burguesía, emplea alrededor de un millón de personas ella sola, es decir, más del 10% de la fuerza laboral Chilena. Cabe destacar que alrededor de un tercio de estos microempresarios trabajan como minoristas, es decir, como pequeños comerciantes.

Otra figura recurrente, en la evocación de los estratos medios, son los profesionales. En nuestra región, alrededor del 12% de la fuerza de trabajo está compuesta por profesionales, lo que es un aumento significativo respecto de las  décadas anteriores.[2] El aumento exponencial que ha experimentado este segmento de la población, explicado fundamentalmente por la masificación de la educación superior desde la década de los 80, ha generado un fenómeno característico de nuestra región: la presión a la baja de los salarios de aquellos profesionales que entran con títulos que poco o nada valen para el mercado.

En este sentido, es posible ver a los profesionales como parte de unos estratos medios empobrecidos en términos económicos, y disminuidos socialmente en términos de status. Muchos de sus hijos son los protagonistas de las movilizaciones del 2011.

La ultima acotación que debe hacerse, es la manera un poco dicotómica en la cual se pueden presentar los estratos medios y el campo popular en este trabajo.  El campo popular, expresado en la triada trabajadores-pobladores-estudiantes, se diferencia claramente de los estratos medios, de composición microempresarios-profesionales. Si bien reconocemos que situar al estudiantado dentro del campo popular puede ser problemático, debido a que son un sector eminentemente poli clasista, la propuesta política subyacente a esta tipificación es diferenciar explícitamente a los trabajadores de los profesionales y la pequeña burguesía.

La importancia política de los estratos medios

Los estratos medios son un actor fundamental del escenario político. Su disconformidad con el proyecto político del bloque en el poder, históricamente hablando, ha sido un soporte importante que tiende a dotar al campo popular de un piso social más amplio sobre el cual se pueden desarrollar la acción directa de las masas. Incluso, en algunos momentos, han sido los protagonistas de determinadas movilizaciones sociales, que han logrado más de alguna vez tensionar seriamente al bloque en el poder.

Es más, no han sido pocos los intelectuales de nuestra región, los que han propuesto que las movilizaciones estudiantiles del 2011 son la expresión de las expectativas frustradas de “la clase media”[3]. Y conjuntamente con lo anterior, ven a un conjunto de movilizaciones sociales en nuestro país –la protección medioambiental, el desarrollo regional, una mejor planificación urbana- como reivindicaciones que son características de un país donde una amplia clase media está siendo excluida de los beneficios del desarrollo económico.

Más allá de las problemático que puede ser caracterizar las movilizaciones actuales de nuestro país, como un fenómeno eminentemente perteneciente a los estratos medios, la izquierda libertaria ha reconocido el carácter poli clasista del movimiento estudiantil. Pero a pesar de este reconocimiento, las discusiones actuales centradas en la construcción de los ejes programáticos que necesitan las masas, difícilmente incorporan reivindicaciones que puedan acercarnos políticamente a los estratos medios.

La situación de la izquierda libertaria, contraste fuertemente con la posición actual de la Concertación respecto de las clases medias. En este sentido, es como uno de sus principales ideólogos, Ricardo Lagos, diagnostica que el principal problema de nuestro país es la desigual distribución del ingreso y del poder político[4]. Solucionar ese problema, según Lagos, pasa por la incorporación al proyecto político de la Concertación, de algunas de las temáticas principales que aquejan actualmente a los estratos medios.[5]

Estratos medios y ruptura democrática

La pregunta ineludible, es, entonces, como la construcción de un proyecto político libertario puede incorporar, tanto estratégica como programáticamente, a los estratos medios. La apuesta actual de una gran parte de la izquierda libertaria, se centra en la idea de una “ruptura democrática”. Una de las condiciones necesarias –aunque no suficiente- para que se produzca esta ruptura, es que la acción directa de las masas produzca “…una situación de ingobernabilidad económica y política que permita […]  generar una situación interna proclive al desborde de la vocación de poder popular constituyente […], abriendo de esta forma una nueva etapa en la lucha de clases en nuestro país”[6].

El problema reside, justamente, en analizar la cultura política y los mecanismos de los cuales los estratos medios se apropian para expresarse políticamente. Si bien, como señale en un párrafo anterior, las clases medias pueden ser un elemento dinamizador de movilizaciones sociales, esto se da en situaciones extraordinarias. Los estratos medios rara vez actúan como un grupo de presión –similar a los trabajadores o estudiantes- que pueda generar un estado de ingobernabilidad como lo pretenden la gente de Red Libertaria. Si los elementos más avanzados del campo popular son los que han roto el consenso activo del régimen neoliberal, los estratos medios aún se encuentran sumidos en un (incomodo) consenso pasivo frente al mismo.

Independientemente de la frustración y descontento han acumulado con el paso de los años, no ven a nuestro proyecto político como una alternativa atractiva. Y, como ha señalado correctamente un compañero, el grueso de la población “…continúa viendo al Estado como una instancia a la que se apela por una solución al problema, un mediador en los conflictos […].”[7]

La tarea de los anarquistas, entonces, reside en formular una estrategia política que tome en consideración la utilidad política del consenso pasivo de los estratos medios, como un elemento necesario para la consolidación de una ruptura democrática. Y la consolidación de un periodo movilizador que desemboque en un estado de ingobernabilidad, necesariamente requiere la ruptura de su consenso político frente al modelo económico y político de la clase dominante, y su participación como elemento dinamizador,  en la construcción de un consenso que enfatice no solo reformar el modelo existente, si no que transformarlo –incorporándooslos a nuestro discurso e imaginario político– radicalmente.

La tarea no es sencilla. Si bien los anarquistas han podido insertarse en las distintas expresiones orgánicas del campo popular, en desmedro de los partidos afines a la concertación y al gremialismo, atenuando los instrumentos de cooptación y clientelizacion del campo popular, lo mismo no sucede con los estratos medios. Un vasto despliegue administrativo y asistencialista, que va desde proyectos CORFO hasta subsidios para la adquisición de una vivienda[8], dificultan la penetración de nuestro sector.

Sin embargo, el conjunto de las políticas anteriormente descritas, no han logrado generar un colchón lo suficientemente grande como para dar abasto a todos los problemas que aquejan a los estratos medios. Sea por que están fuera del intervalo de ingresos para considerarse “clase media”, sea por que poseen títulos universitarios (devaluados), o porque simplemente los recursos fiscales están focalizados en resolver las problemáticas del campo popular, la mayoría de las veces los estratos medios deben ingeniárselas solos para resolver sus deficiencias.

La urgencia de nuestra tarea pendiente

La discusión de como incorporar a los estratos medios a nuestra estrategia y programa, es una tarea colosal que involucra al conjunto de la izquierda libertaria. Sin embargo, el presente artículo se atreverá a esbozar algunos ejes fundamentales que debe incorporar un programa para el periodo actual.

La protección a los derechos del consumidor –y del consumidor financiero, específicamente– es un problema que aqueja de manera significativa a los estratos medios. La repactacion unilateral de los servicios financieros que entrega el sector del bancario y del retail, que contribuye a extraer por vías financiaras el poco ingreso que tiene la mayoría de la población de nuestro país, debe ser un elemento central de las reivindicaciones del periodo actual.

En este sentido, este eje cobra coherencia política significativa con el resto de los análisis de la izquierda libertaria, cuando sabemos –como el mismo retail lo declara–, que la fuente de la mayor parte de las utilidades de las empresas del sector vienen asociadas a la entrega de servicios financieros. La protección del conjunto de la población, frente a los abusos del capital transnacional, puede contribuir a golpear al capital financiero nacional y transnacional, tanto desde el fortalecimiento de la organización de los trabajadores del sector, como de poner límites a los mecanismos de acumulación financiera que se ejercen sobre los consumidores.

La manera en que podemos ponerle trabas a este mecanismo, pueden oscilar desde presionar por una legislación más dura –la salida socialdemócrata–, pasando por el aumento de la competencia del sector –la salida neoliberal–, hasta la modificación del marco institucional y nuestros sistema de incentivos, para fomentar la creación de un sistema financiero basado en cooperativas de ahorro y empresas autogestinadas –la salida de Proudhon y los anarcosindicalistas–[9].

Por otro lado, es imprescindible pensar en políticas concretas para proteger a la pequeña burguesía frente al gran capital. En este punto es fácil toparse con la crítica de varios marxistas ortodoxos, de que es absurdo proteger al pequeño capital frente al gran capital, bien sea por que las tendencias propias del capitalismo, hacen que cualquiera que piense que la concentración del capital en unidades gigantescas no es una tendencia inevitable, un infantil pequeñoburgués, o bien sea por que esto nos sitúa en una posición incómoda políticamente frente a los trabajadores de las microempresas, que son, mal que mal, varios cientos de miles de los trabajadores más precarizados de nuestra región.

Más allá de la absurda fraseología religiosa marxitoide, cualquiera que sepa algo de economía reconoce que las tendencias de centralización del capital son específicas a cada sector industrial. Y como nadie hablo de proteger a una supuesta pequeña empresa, por ejemplo, en el sector minero -dado que las características del sector no permiten que existan-, es innegable que existen un número importante de sectores, ejemplificado en el pequeño comercio, donde la pequeña burguesía existe y seguirá existiendo, debido a que las tendencias a la concentración no son tan potentes en dichos sectores.

Por lo demás, no existe una dicotomía entre proteger a la pequeña empresa frente al capital transanacional, y en avanzar hacia una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores del sector. Es más, es fácilmente demostrable que proteger a las pequeñas empresas frente al capital transnacional redundara en distribuir estos ingresos retenidos  entre trabajadores y pequeños empresarios.

Sin embargo, más allá de una protección mediante una regulación más intensa, que, como señalamos más arriba, es la típica salida socialdemócrata, es necesario preguntarse cómo podemos volver una posibilidad real la creación de  pequeñas unidades productivas que sean administradas bajo una lógica distinta a los criterios actuales. En este sentido, es necesario superar las trabas institucionales que se impusieron durante la dictadura a la formación de cooperativas. La gradual transición de la pequeña empresa, a la cooperativa autogestinada, debe ser parte esencial de cualquier programa anarquista.[10]

Una palabra final

A modo de cierre, existen muchos elementos programáticos que pueden –y deben– ser incorporados en nuestras discusiones. Sin embargo, mas allá de las reivindicaciones que se puedan incluir, la tarea más ardua consiste en:

1)      Detectar cuáles son las que permiten un mayor nivel de acumulación política y social

2)      Determinar los vínculos entre la reivindicaciones concretas, y nuestras líneas estratégicas.

Me parece que el primer punto, que ha sido brevemente esbozado en esta columna, es lo menos desafiante de nuestra tarea. Lo más complejo para los anarquistas, debe ser la correspondencia estrecha entre programa y estrategia. La elaboración del rol que cumplen los estratos medios en el actual ciclo de movilizaciones sociales y luchas políticas, así como su rol preciso dentro de la ruptura democrática, es la tarea que tenemos pendiente para poder avanzar hacia la libertad y el socialismo.


[1] En http://www.nestormakhno.info/spanish/movimiento-makhno.htm, Frank Mintz hace un recuento de la composición social del Ejercito de Mahkno, dando cuenta que, efectivamente, alrededor del 50% de su ejército estaba compuesto por campesinos de mediana propiedad, o ricos pero sin tierra.

[2] http://www2.facso.uchile.cl/sociologia/1060225/docs/clase_media_ex.pdf, para ver una caracterización interesante de los estratos medios. Distintas metodologías están utilizadas en este estudio.

[3] “¿Por qué no me quieren? Del PIÑERA way a la rebelión de los estudiantes” Eugenio Tironi, Ed. Uqbar

[4] El Chile que se viene. Ideas, miradas, perspectivas y sueños para el 2030”. Ricardo Lagos. Editorial Catalonia. Pags 17-25

[5]El Chile que se viene. Ideas,…”, Índice. La lista es bastante exhaustiva. Vincular las ideas propuestas por los tecnócratas de la concertación, a las movilizaciones sociales de los últimos 5 años, es una tarea pendiente.

[6] http://www.elciudadano.cl/2013/07/01/72475/declaracion-publica-de-la-red-libertaria/

[7] “La democracia de masas: una apuesta libertaria para el actual período”, Martín Álvarez y Diego Ramírez. En http://cel-arg.org/blog/2013/08/02/la-democracia-de-masas-una-apuesta-libertaria-para-el-actual-periodo/

[8] Un ejemplo de este tipo de políticas gubernamentales, se puede encontrar en la página del Ministerio de vivienda y urbanismo: http://www.minvu.cl/opensite_20110608104702.aspx

[9] Existe toda una literatura sobre las microfinanzas, que los anarquistas podrían explotar. La otorgación de pequeños créditos a trabajadores informales para que crear pequeñas empresas, ha sido una salida a la pobreza interesante para muchos países subdesarrollados.

[10] Para recapitular, la idea es pasar de la protección gremial-corporativa, a impulsar la transformación del sector a largo plazo.

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