Los libertarios y la “problemática electoral”

Yo tengo principios, y entre ellos figura el de no dejarme impresionar nunca por la llamada a los principios”

(Camilo Berneri)

Durante los últimos meses se ha suscitado un debate bastante intenso al interior del sector Comunista Libertario chileno el que, si bien está lejos de acabar, muchas veces ha girado en torno a ejes que lo alejan de una discusión política que tenga como horizonte la articulación de una estrategia para el periodo actual, la emancipación de los pueblos y la construcción del socialismo.

La intención de esta columna ciertamente no es cerrar el debate, sino más bien aportar con elementos analíticos que me parecen necesarios y, considero, han estado bastante ausentes en la discusión que se ha desarrollado últimamente.

La problematización de “lo electoral” y el “principismo”

En primer lugar cabe mencionar que “lo electoral” por sí mismo no existe, lo que sí existe son coyunturas electorales particulares y escenarios específicos que obligan a cualquier sector político a plantearse desafíos concretos en torno a las posibilidades y limitaciones que abren (o cierran) dichas coyunturas.

En consideración con lo anterior el antielectoralismo no puede constituirse como un principio o una máxima del pensamiento libertario, más bien debe entenderse que éste es y ha sido una táctica que puede ser usada, o no, por los libertarios y el movimiento social en una coyuntura específica. Así como existe un principismo electoral o parlamentario, que hace de las elecciones un fetiche, perfilándolas como el único escenario de disputa política; también es posible encontrar un principismo antielectoral, que rechaza de plano cualquier vinculación con la herramienta eleccionaria, sin mediar ninguna lectura política. Con respecto a esto se debe ser claro y enfático: no son los principios los que por sí mismos niegan la política, por el contrario, son su fundamento; niega la política precisamente quien de forma impropia convierte el problema de las tácticas en un problema de principios.

En este sentido, diremos que plantear “lo electoral” como una esencia, como algo que no depende de las distintas coyunturas de la historia y de la lucha de clases en un momento específico del desarrollo del capitalismo, y frente a lo cual se tiene permanentemente la misma posición, es simplemente una forma de negacionismo ante las posibilidades reales de hacerse cargo activamente de las necesidades actuales de la lucha.

Nosotros como libertarios, antidogmáticos y heterodoxos por excelencia, tenemos el deber de situarnos ante los diferentes escenarios que se van presentando de forma crítica, con creatividad y capacidad de respuesta, mas nunca perdiendo el horizonte de construcción que nos hemos propuesto.

Muchos libertarios a través del tiempo han asumido este desafío, y otros tantos determinaron que la tarea de plantearse activamente frente a las elecciones y el Estado resultó necesaria para su momento histórico. Ejemplos no faltan, es posible encontrarlos en la Federación Anarquista Uruguaya del 75’ y la construcción de un Partido por la Victoria del Pueblo que planteaba la convocatoria de elecciones; en los candidatos que la Federación Comunista Libertaria presentó en las elecciones parlamentarias francesas del 56; en los ministros de la CNT española durante la II República; e incluso en nuestro propio Ernesto Miranda, cuando hizo el llamado a constituir el Partido Socialista Libertario, para participar de las elecciones parlamentarias, en el congreso celebrado en Curicó durante el año 1973. Hasta el mismo Bakunin expresó su apoyo a Giuseppe Fanelli, anarquista italiano que en 1870 sale electo como diputado por la localidad de Torchiara, en una carta enviada durante el mismo año afirmaba que “es preciso que en todas partes los hombres de buena voluntad estén en el candelero, y que sobre todo nuestros amigos estén en una posición tal que su influencia sea lo más eficaz posible.”[1]

Debe clarificarse que lo que acá se intenta no es recuperar o reivindicar una tradición libertaria “electoralista”, sino más bien realizar el ejercicio de rescatar algunos ejemplos que permiten observar cómo los libertarios se han enfrentado a ciertas coyunturas históricas con la amplitud táctica que debiera caracterizarles. Acá tampoco lo que interesa es hacer una lectura particular de cada uno de los periodos en los que los libertarios han tomado tales determinaciones. Estas experiencias ciertamente pueden haber obedecido a malas lecturas, y como apuesta política pueden haber estado equivocadas, sin embargo aquí el asunto en cuestión no es precisamente este, como dice Berneri “que el anarquista pueda errar en la valoración del momento político es posible, pero el problema es si juzgando así un momento político y actuando en consecuencia deja de ser anarquista.”[2]

Ciertamente acá importa poco quién “es” o “deja de ser” anarquista, sin embargo resulta necesario que el repertorio táctico de los libertarios sea rescatado en su totalidad, sin ser eclipsado por los temores a perder la identidad o a ser excomulgado de la iglesia de los puros.

Habiendo despejado el tema del principismo, tarea lamentablemente ineludible en una discusión como esta, resulta necesario avanzar hacia los aspectos político-estratégicos que quedan pendientes. Estos dicen relación con los elementos de análisis que se puedan constituir como herramienta para analizar la diversidad de formas de concebir la articulación de una apuesta electoral con un horizonte revolucionario.

Elementos para concebir una política revolucionaria de cara a los procesos eleccionarios.

Si bien al comienzo de esta columna hemos echado por tierra la posibilidad de considerar “lo electoral” como algo en sí mismo, separado de los procesos sociales en las que se desenvuelven las coyunturas electorales, sí es posible caracterizar las diversas intenciones u orientaciones táctico-estratégicas que subyacen a cualquier apuesta electoral.

Cabe puntualizar aquí sobre dos elementos que se entrecruzan y que raramente son distinguidos en las discusiones y análisis que se realizan al respecto: por un lado debe considerarse la apuesta hacia la coyuntura electoral, mientras que por otro debe tenerse en consideración la apuesta hacia la utilización de los cargos en el Estado. Es importante recalcar que estos elementos no siempre van de la mano y que, si bien el primero puede ser condición de posibilidad para el segundo, no todas las apuestas electorales deben necesariamente entenderse como una forma de acceder a los espacios que las mismas disputan.

Lo que pretendemos ofrecer a continuación es una tipología de los distintos tipos de apuesta electoral que pueden esbozarse desde la izquierda revolucionaria, que considere la relevancia táctica o estratégica, tanto de la utilización de la coyuntura electoral misma como del uso de los puestos susceptibles de ser ocupados en el Estado. Aquí las posibilidades de articulación entre la táctica y la estrategia son 3 si se consideran para una línea política revolucionaria, a la que agregaremos una adicional que corresponde a una línea política reformista. Consideraremos acá una definición sucinta entre ambas líneas políticas, donde la revolucionaria pretende resolver la contradicción entre las clases sociales a través de un quiebre en perspectiva socialista; mientras la reformista supone la resolución de los conflictos de clase a través de la institucionalidad del Estado Burgués.

–        Instrumentalización táctica de la coyuntura electoral.

Diremos de este tipo de apuesta que se orienta tácticamente hacia la utilización de una coyuntura electoral determinada, pero que no se posiciona particularmente hacia el uso de los cargos del Estado. En este sentido puede considerarse que una apuesta de estas características pretenda, por ejemplo, visibilizar un programa, aglutinar a cierto sector de la izquierda, utilizar la campaña para amplificar algunas orientaciones discursivas, reunir a ciertos sectores movilizados en torno a un programa común, etc. Independientemente del objetivo, lo que importa y caracteriza este tipo de apuesta es que su éxito o fracaso no se juega en los resultados mismos de las elecciones, si bien la cantidad de votos obtenidos puede ser un indicador de cuán bien se realizó el trabajo, el resultado de la apuesta no puede ser medido en el número de votos, sino más bien en cómo y a qué sectores se alcanzó con la propuesta programática, qué organizaciones de izquierda fue posible articular, cuál fue la recepción de la población de las orientaciones discursivas propuestas, cómo se proyecta la articulación del movimiento social en torno a un programa después de las elecciones, etc. Un ejemplo claro de este tipo de apuestas es la que puede desprenderse de la declaración[3] de la Red Libertaria en Chile, al decidir participar en la campaña “Tod@s a La Moneda”.

–        Alcance estratégico de la coyuntura electoral para el uso táctico de los cargos del Estado.

Este tipo de apuesta considera al componente electoral como estratégico, pues su objetivo es ocupar los cargos del Estado, sin embargo la orientación del uso de estos cargos se limita a lo táctico. Acá los resultados de la apuesta, efectivamente, pueden ser medidos a través de la cantidad de votos y la posibilidad de integración en cargos de autoridad, sin embargo resulta necesario hacer el énfasis en el uso táctico de dichos cargos. Una apuesta como ésta puede considerar que el uso de estos cargos permita garantizar el acceso a facilidades materiales, como viajes, recursos económicos, posibilidades de relaciones más amplias con otros sectores o a nivel internacional, a la vez que puede permitir el uso de esos espacios como tribuna para la denuncia o para otorgarle visibilidad a algunas luchas sociales. Un ejemplo de esto podría ser el ya mentado apoyo de Bakunin a Fanelli y Friscia, ambos importantes organizadores de la Primera Internacional y que obtuvieron diputaciones en la Italia de la época, cuyos honorarios el primero utilizó para fundar el movimiento anarquista español.

–        Alcance estratégico de la coyuntura electoral y del uso de los cargos del Estado.

La diferencia fundamental de este tipo de apuesta con la anterior dice relación con la consideración estratégica, no sólo de la coyuntura electoral, si no que de la utilización de los cargos del Estado. Acá el uso de los cargos del Estado se vuelve estratégico en tanto la apuesta, a diferencia de las demás, pretende disputar el carácter del Estado burgués desde su interior. Los libertarios históricamente hemos catalogado este tipo de apuestas como “reformistas” por considerarlas inviables, sin embargo es necesario reconocer que hay sectores de la izquierda revolucionaria que han optado por ellas. No es de mi interés acá dar la discusión de si estas apuestas pueden ser revolucionarias o no, sin embargo, dado que me propuse elaborar una tipología que sirviera como marco de análisis para las apuestas electorales de la izquierda revolucionaria, y no sólo de los libertarios, es que me permito dejar esta categoría dentro de las, al menos, posiblemente revolucionarias. Ejemplos claros se tienen en los gobiernos bolivarianos que se han sucedido a través de América Latina durante los últimos años para el caso de elecciones presidenciales, o bien las propuestas de municipalismo libertario de Bookchin para el caso de las elecciones municipales.

–        Alcance reformista

Ciertamente la izquierda reformista ha tenido más de una forma de acercamiento táctico-estratégico a las coyunturas electorales, sin embargo no es del interés de esta columna profundizar en ellos ni caracterizarlos de una forma exhaustiva. Sólo diremos que el objetivo que orienta este tipo de apuestas tiene por horizonte la conciliación de los conflictos de clase al interior de la institucionalidad burguesa, característica consustancial a toda clase de reformismo y que, en tanto tal, escapa a las apuestas revolucionarias que pretendemos caracterizar.

Para finalizar, estimo que se hace necesario generar algunas prevenciones contra una lectura errada del marco de análisis propuesto.

En primer lugar, es necesario considerar que como buen marco de análisis éste no es capaz de explicar la totalidad compleja que implican las distintas realidades y contextos políticos. El esfuerzo que constituyó la presente columna se erigió sobre la necesidad de entregar algunos elementos de análisis, que sirvieran como coordenadas en las lecturas políticas que puedan realizar organizaciones o individualidades que se vean enfrentados a estas problemáticas.

En segundo lugar, debe considerarse que este marco de análisis está lejos de encontrarse finalizado, pues permanentemente aparecerán un conjunto de elementos que no han sido contemplados en su interior y que difícilmente podrían haberse tratado en el contexto de una columna de opinión. Por ejemplo, resultaría necesario nutrir cualquier tipo de análisis de este tipo con variables acerca del contexto político-institucional en el que se desarrollan las elecciones, donde un contexto de “apertura democrática” podría propiciar apuestas muy distintas a las que pueden pensarse en el Chile autoritario actual. Adicionalmente, resulta necesario considerar que las elecciones presidenciales, parlamentarias y municipales ciertamente presentan posibilidades y limitaciones distintas, por lo que deben ser analizadas bajo un prisma diferenciado.

Por último, resulta necesario recalcar que ninguna de las apuestas expuestas se constituyen como revolucionarias por sí mismas, el carácter revolucionario de cualquier apuesta estará dado por el marco táctico-estratégico en el que se inscriba y al programa revolucionario al que responda, mientras que su carácter libertario estará dado por supeditar todo su movimiento a las necesidades y lógicas de la reorganización de los de abajo, entendiéndose siempre como una táctica cuyo horizonte sea apoyar los procesos de construcción de poder popular.


[1]  Extracto completo: “Tal vez te maravilles viendo que yo, abstencionista decidido y apasionado, empuje ahora a mis amigos a ser elegidos diputados. El caso es que las circunstancias y las cosas han cambiado. Antes de nada, mis amigos, empezando por ti, se han empecinado de tal manera en nuestras ideas, en nuestros principios, que no hay ningún peligro de que puedan olvidarlos, mortificarlos, sacrificarlos, y volver a caer en sus antiguas costumbres políticas. Y además, los tiempos se han vuelto tan serios, el peligro que amenaza a la libertad de todos los países es tan formidable, que es preciso que en todas partes los hombres de buena voluntad estén en el candelero, y que sobre todo nuestros amigos estén en una posición tal que su influencia sea lo más eficaz posible. Cris­toforo (Fanelli) me ha prometido escribirme y tenerme al corriente de vuestras luchas electorales, que me interesan enormemente”. Mijail Bakunin en carta enviada a Gambuzzi (Locarno, 6 de Septiembre de 1870).

[2] C. Berneri, “Abstencionismo y anarquismo”.

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