Solidaridad práctica: Una posible lección de la huelga en Homecenter

La reciente derrota de los trabajadores de Homecenter Sodimac –“La Casa de Chile” es su lema…– nos entrega varias lecciones importantes, en medio de un proceso creciente de movilizaciones sindicales, en especial en el retail; un sector que, junto a quienes laboran con boleta de honorarios desarrollando labores permanentes, está particularmente golpeado por la precariedad laboral.

Luego de 27 días de paralización, la empresa apostó al recurso permanente de los empresarios nacionales para combatir una huelga: el desgaste y la división. Así, mientras alargaba las negociaciones y generaba incertidumbre entre los afiliados, ejerció medidas tan bajas de presión como rechazar la participación de los hijos de los huelguistas en las fiestas de navidad de la empresa. Junto con ello, fueron bajando progresivamente la oferta para terminar con el conflicto. Si el 7 de noviembre Homecenter se abrió a la posibilidad de un reajuste de 5% –frente al 7% demandado –, posteriormente esa cifra descendió a un 3,5%, para cerrar un acuerdo de un 2% y un bono de fin de conflicto de 200 mil pesos. Poco importaron las movilizaciones de los trabajadores que están agrupados en el sindicato más grande del país: la empresa intentó continuar con sus operaciones de manera normal, realizó una millonaria donación a la Teletón y hasta utilizó un video para dividir a los trabajadores movilizados.

En contrapartida, las fuerzas de izquierda y otros sindicatos intentaron respaldar al sindicato visibilizando sus demandas ante un total bloqueo comunicacional de los medios (en particular, de la televisión) y movilizaron algunos recursos en sus manifestaciones, así como se gestionaron apoyos de diputados como Camila Vallejo y Gabriel Boric. Otro gesto importante fue la confluencia con otros trabajadores movilizados como los que participan del proyecto Alto Maipo, de la empresa Pizarreño y la minera Los Bronces. Se hicieron colectas, marchas, publicaciones en redes sociales y conferencias de prensa. Sin embargo, no fueron suficientes para doblarle la mano a Homecenter.

Es que, finalmente, la solidaridad quedó en general en gestos virtuales o declarativos o en elementos prácticos, pero acotados: asistencia a una marcha, organización de colectas limitadas, organización de actividades para mantener la moral. La empresa, por su parte, pudo continuar con sus actividades sin ver afectadas sus ganancias de manera más contundente, apostando entonces por la estrategia ya mencionada y por alargar los plazos hasta que se pudiera desfondar la movilización gracias al descuelgue de los afiliados por gotera.

Una lección a sacar, entonces, tiene que ver con la utilización de dos recursos solidarios que no han sido utilizados de manera más clara por la izquierda: el boicot y el piquete. Los hashtag y los afiches en Facebook y Twitter afectan de manera muy limitada a las empresas, mientras que la solidaridad activa por parte del resto del pueblo trabajador puede forzar de manera efectiva un resultado favorable a los huelguistas en un conflicto de estas características. Es, además, una de las pocas formas que tenemos de poder ejercer presión real, en un contexto en el que la legislación laboral continúa restringiendo la posibilidad de que los trabajadores defendamos nuestros intereses, a pesar de la muy tímida reforma impulsada por el gobierno, que incluso en varios puntos implicó un claro retroceso.

¿En qué consisten? El boicot es básicamente realizar una campaña en conjunto con la ciudadanía para no comprar en la empresa en cuestión y apoyar la huelga de esta manera, y los piquetes son grupos informativos que se dedican a difundir la huelga fuera de los establecimientos y en puntos estratégicos de la ciudad.

En un país en la que la gran mayoría de los asalariados no alcanzan a ganar 500 mil pesos mensuales, donde las pensiones son miserables y donde los empresarios se coluden para robarnos hasta con el papel del baño, el boicot es una herramienta no solamente legítima, sino indispensable. Las diferencias de clase en Chile son tan brutales que, mientras en Homecenter se estaba en huelga, una sola persona realizaba una donación de 4400 millones de pesos a la Teletón: Iris Fontbona, de la familia Luksic. Ante muestras tan groseras de la desigualdad social es difícil seguir negando que la solidaridad al interior de las clases subalternas es un recurso indispensable si alguna vez queremos tener posibilidades de triunfo, no solamente a la hora de disputar un mejor sueldo o condiciones de trabajo, sino para desarrollar otro modelo de desarrollo.

El movimiento estudiantil cumple aquí un rol fundamental, ya que, junto al boicot, son los únicos que, gracias a sus condiciones particulares, tienen la posibilidad de incorporarse a piquetes informativos que difundan las razones de la huelga y se desplieguen en los lugares involucrados para que la gente no entre a comprar en tiendas mientras haya una huelga de sus trabajadores. Por supuesto, la aplicación práctica de esto tiene varias dificultades.

La primera, que exista una cantidad de personas dispuestas a sacrificar algunas horas de su vida por ir a apoyar una lucha que, en términos concretos, no implicará un beneficio directo para ellos; aunque, en el plano simbólico, una huelga exitosa siempre tendrá efectos para el resto de los trabajadores. La segunda, que la izquierda asuma como fundamental una política de solidaridad activa entre trabajadores y estudiantes, no sólo en un plano declarativo sino práctico. Tercero, que, en un año en donde las ansiedades electorales parecieran estar “comiéndose” totalmente la agenda de las fuerzas políticas emergentes, veamos la necesidad de dedicar tiempo a diseñar una estrategia política que ponga su eje central en generar estos cambios, que son fundamentales si el día de mañana queremos llevar a la práctica esa idea de que sea el pueblo trabajador el protagonista en el debate político.

Comments

comments